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La figura de un “gobierno de unidad nacional” ha estado presente desde 2002 en el modelo conspirativo desarrollado por la oposición antichavista, y su principal exponente y articulador ha sido el padre jesuíta y exrector de la UCAB, Luis Ugalde.

Sin embargo, el recurso no es original de Ugalde, sino que forma parte de la metodología del llamado “golpe suave”, desarrollada por el investigador estadounidense Gene Sharp, cuyos manuales sobre cómo derrocar un gobierno utiliza toda la oposición venezolana.

El anuncio por parte de la MUD de nombrar un “gobierno de unidad nacional”, ocurre tras cerca de dos meses de planteamientos públicos de políticos y organizaciones gremiales opositoras, invocando la supuesta necesidad de un gobierno de transición o de unidad nacional.

Por supuesto, se trata de la ejecución, según argumentan, del mandato obtenido tras el llamado “plebiscito” realizado el domingo, y cuya formación está contemplada en la tercera pregunta.

Antes del inicio del conflicto violento, que arrancó en abril, el dirigente socialcristiano Eduardo Fernández declaró que urgía un clima de unidad nacional, como una especie de preámbulo a los reiterados llamados, semanas más tarde, para ir más allá.

A finales de abril, Henrique Capriles, le declaró a la BBC que no descartaba “la formación de un gobierno de Unidad Nacional para superar la crisis sociopolítica que atraviesa” Venezuela.

En abril también, pero a principios de mes, el gobernador de Lara, Henri Falcón, decía en un comunicado que “es necesaria una negociación para lograr un acuerdo político en el país que nos convoque a una transición democrática”. El mandatario regional insistió en su propuesta, hace poco más de un mes, al declarar que “es posible lograr un gobierno de unidad nacional si dejamos de lado la mezquindad e intereses partidistas”.

El 21 de junio, la coalición opositora llamó a la desobediencia civil, y aseguró que el propósito de la misma era “construir un gobierno de unidad nacional, no de la oposición”, que incluiría “a todos los que respetan la Constitución, vengan o no del oficialismo”.

Dos días antes, el padre Ugalde había publicado un artículo en el que exponía detalles de ese gobierno de transición. Precisaba que tal gobierno debía tomar excepcionalmente medidas de emergencia y convocar a elecciones democráticas, previa remoción de los magistrados del TSJ y de los rectores del CNE, considerados como pro-chavistas.

Sin embargo, Ugalde no dudó en aportar datos que revelan la verdadera naturaleza de la llamada transición. El más llamativo es el señalamiento de que “sería un grave error pensar en elecciones inmediatas”.

Antes, sería necesario “atender con apoyo internacional la creciente emergencia humanitaria propia de una postguerra, liberar a todos los presos políticos, abrir el regreso de los exiliados, convocar a los empresarios a la activación de la emergencia productiva y atraer a los inversionistas con un nuevo espíritu democrático, libre iniciativa y garantías jurídicas. Urgen el refinanciamiento de la deuda y multimillonarios préstamos económicos para insumos productivos y para necesidades vitales de consumo.”

Y así, sin mucho recato, revela el carácter neoliberal y proempresarial de esa unidad nacional para la transición, donde las elecciones se postergarían hasta un año.

Pero no se crea que los acuerdos se limitan a un programa de emergencia. Antes de los comicios, los distintos factores de poder tendrían que firmar una especie de Pacto de Gobernabilidad, que contemple el reconocimiento para quien triunfe, así como un programa básico de salvación nacional y de reconstrucción, de no menos de 10 años, apoyado por gobernantes y opositores democráticos.

Nótese dos puntos. Uno, el plazo largo para mantener las políticas procapitalistas de al menos una década, y dos, al firmar ese pacto, un chavismo anticapitalista o con propuestas alternativas no tendría cabida allí.

Queda muy claro para el sacerdote que el presidente Maduro no formaría parte de ese gobierno, pese al argumento de unidad nacional. Y los llamados sectores del chavismo serían aquellos aliados actuales, que insisten en denominar y posicionar en el escenario global como el “chavismo crítico”.

La visión de Gene sharp

El estadounidense Gene Sharp, propone la creación de “gobiernos paralelos” en su libro “De la dictadura a la democracia”. Explica, que tal estructura funcionaría de manera creciente como un gobierno rival, al cual la población y las instituciones de la sociedad le prestarían lealtad, obediencia y cooperación.

Eventualmente, podría reemplazar plenamente al régimen sometido al ataque, lo que formaría parte de la transición a lo que denominan la democracia.
Y tal como lo explica el sacerdote Ugalde, Sharp comenta que “a su debido tiempo entonces, se adoptaría una Constitución y se celebrarían elecciones como parte de la transición.” Sin duda, esa no es la prioridad.

Asimismo, Sharp se refiere al aspecto económico y advierte que “hay que cuidar que los malestares económicos de veras podrán remediarse”, luego de que termine el gobierno que se busca derrocar.

Si no, “la desilusión y el descontento cundirán, a menos que se provean soluciones rápidas durante el período de transición”.

Múltiples acuerdos de transición

A lo largo de los años, en Venezuela cada evento conspirativo ha estado conectado con documentos que sustentan la necesidad de un acuerdo nacional para el establecimiento de un gobierno de transición. Esto está sustentado en la pretensión de una inmediata caída del chavismo.

Así, durante todo el año 2016, los distintos voceros de la MUD hablaban de gobierno de unidad nacional, gobierno de transición y hasta gobierno de emergencia, tras la esperada y reclamada renuncia de Maduro, o cualquiera fuera la salida planteada.

En febrero de 2015, un intento de golpe militar, con efectivos de la Aviación Bolivariana, que se conoció como el “golpe azul”, produjo un detallado Acuerdo de Transición, que fue firmado por los jefes de los principales partidos políticos opositores.

Carlos Ortega (CTV). sacerdote Luis Ugalde y Pedro Carmona Estanga (Fedecámaras) conspirando en 2002. Foto: Agencias

 

Ugalde, fue también el artífice del “Carmonazo”

La fotografía ya es un clásico de la política venezolana. Pedro Carmona Estanga y Carlos Ortega, presidente de la CTV (principal central sindical de la época) a los lados del padre Ugalde, entonces rector de la UCAB.

Este sacerdote se convertía en el factor de unificación de las cúpulas empresariales y laborales en marzo de 2002. Faltaban escasos 36 días para el golpe que sacó a Hugo Chávez del poder, durante casi tres días, además de ponerlo al borde de la muerte.

Las bases para un acuerdo democrático se firmaron en la Quinta La Esmeralda, una afamada agencia de eventos, y no en una casa particular, como su predecesor, el Pacto de Punto Fijo.

En 10 puntos se establecieron las definiciones para asegurar la gobernabilidad tras la salida, inevitablemente, del mandatario de entonces del poder.
Pero el 11 de abril, quien se adjudicó la Presidencia fue el empresario, mientras que el sindicalista quedó por fuera.

Esa clase de pactos solo reconoce a los dueños del capital.

ELABRELATA/CIUDADCCS