Foto: Agencias

Héctor Anuel, de 35 años murió de una forma dantesca: recibió el impacto de un explosivo, luego fue quemado con una bomba molotov, finalmente, sus mismos asesinos grabaron su cuerpo carbonizado mientras le arrojaban piedras y palos, una profanación, trofeo y mensaje para quienes quieran oponerse a la guarimba.

Desde el momento en el cual Anuel cayó por el mortero, los asesinos impidieron que su cuerpo fuera rescatado; horas después y con presencia del CICPC, fue que se pudo retirar el cadáver.

El portal Efecto Cocuyo enfatizó que “motorizados armados” recogieron el cuerpo del “compañero muerto”.

Esto no sólo pretende reforzar el mensaje justificativo: “miren, son ellos los violentos, estuvo bien lo que le hicieron”, sino que además minimiza la manera en la cual murió, y las razones por las cuáles los dolientes del Anuel, con mucha razón, tendrían que ir preparados para un posible ataque.

Las reseñas de los portales alineados con la oposición, lejos del repudio, justifican su ultraviolenta muerte como una “defensa“, una “respuesta” de jóvenes de la resistencia. No se menciona que los opositores estaban armados, que tuvieran preparados explosivos, simplemente todos los implementos mortíferos estaban allí.

Los asesinos son “jóvenes de la resistencia“, el ataque fue una “respuesta” en “defensa”, a su derecho de protestar adueñándose de la ciudad, no fue asesinado, “falleció” o “resultó muerto”, la profanación del cuerpo y el ensañamiento, se menciona fríamente y luego se dan datos señalando que los “colectivos” son los malos de la película.

Día a día la oposición y sus medios, pierden la oportunidad de desmarcarse de estos hechos, pero parece que no hay ni intención ni mucho menos una verdadera defensa de los Derechos Humanos. Que el terror y la tergiversación es el camino.

 

 

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