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El 21 de noviembre de 1957, una huelga estudiantil fue el punto de partida de una serie de movimientos que culminaron con la salida del dictador Marcos Pérez Jimenez.

Ese día, jóvenes universitarios que no superaban los 25 años irrumpieron en un Congreso de Cardiología que se efectuaba en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, para denunciar ante los representantes internacionales la dictadura que se vivía en Venezuela desde que la Junta Militar liderada por Marcos Pérez Jimenez derrocara al presidente y escritor Rómulo Gallegos en 1948.

Al movimiento estudiantil también se unieron liceístas. Luego de la derrota de la dictadura, la lucha continuó, varios de los jóvenes que sobrevivieron al régimen perezjimenista, y se mantuvieron con ideología izquierdista, luego fueron desaparecidos, asesinados y torturados durante la democracia puntofijista, de entre ellos destacan Víctor Soto Rojas, Jorge Rodríguez, Oswalso Orsini, Américo Silva y Livia Governour.

Governour fue víctima directa del infame “disparen primero y pregunten después” pronunciado por “el padre de la democracia”, presidente Rómulo Betancourt, en noviembre de 1960.

“Luego le tocó, a ese mismo movimiento estudiantil que derrocó la a dictadura de Marcos Pérez Jiménez, tener que montarse un fusil en el hombro e irse para las montañas, frente a la traición de los ideales del 23 de Enero, frente a la persecución, y allí fueron derrotados, fueron masacrados, fueron desaparecidos centenares de generaciones de estudiantes” expresó Elías Jaua, ministro de Educación el pasado sábado en el cuarto congreso de la Federación de Estudiantes de Educación Media.

Este 21 de noviembre una marcha partirá desde Plaza Venezuela, en el palacio de Miraflores, hasta el palacio de Miraflores, para rendir tributo a todos aquellos jóvenes luchadores que discutiendo en la aulas y accionando en las calles sembraron la semilla de la democracia participativa y protagónica concretada en 1999.

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