España asiste en estos momentos, en vivo y directo, al parto de una conspiranoia: hay un ejército de hackers rusos, apoyados por Vladimir Putin y el gobierno venezolano, interviniendo para lograr la independencia de Catalunya.

¿Cuál es la estrategia para llevar a cabo tan perverso plan? “Lanzar noticias falsas contra España y que estas se muevan en la red”, explicó este martes el presidente de España, Mariano Rajoy, confirmando que a pesar de la ausencia de toda prueba que sustente esa teoría, el Gobierno considera real la amenaza exterior. “Muchas de las actuaciones venían de territorio ruso, no sabemos si exactamente del Gobierno ruso. Y algunas han sido replicadas desde territorio venezolano“, concretó en Bruselas la ministra de Defensa española, María Dolores de Cospedal sobre el nuevo enemigo, invisible y supuestamente empeñado en atacar la democracia española.

Aunque suene a burla, no lo es. La semilla de la teoría de los hackers rusos la plantó el medio El País poco antes del referéndum catalán y ahora la riegan todos los medios afines al Partido Popular (PP). La última novedad en la teoría es la suma del frente venezolano a la causa de Putin y los suyos, así como la determinación de la UE a hacer frente al problema. Ni de lo uno ni de lo otro hay la más mínima prueba fuera de hechos circunstanciales.

Demasiado bueno para ser verdad

La teoría de los hackers ruso-venezolanos apunta muy alto. Dispone que un personaje oscuro trata de extender el caos por occidente, y tras el Brexit, su siguiente objetivo es nada menos que romper España. Para este papel no vale Nicolás Maduro, se entiende que su poder no llega tan lejos. No, en esta contienda España compite cara a cara con Vladimir Putin, que ha desplegado una red encubierta de expertos informáticos.

La propaganda rusa y los mensajes de los medios oficiales del Kremlin son un asunto que preocupa tanto en EEUU como en la Unión Europea, que tiene una unidad especial dedicada a identificar fake news sobre la UE que estos pudieran estar divulgando. Se trata de la European External Action Service East Stratcom Task Force y su misión es analizar cada una de estas injerencias y desmentirla.

Pues bien, de las 110 injerencias detectadas por esta unidad en el último mes, ¿cuántas de ellas están relacionadas con Catalunya? Ninguna. ¿Y de los 1.368 casos del año pasado? Cero. Ucrania, Siria, la UE, Polonia y EEUU centran las noticias identificadas como “desinformación” por esta unidad de la Comisión Europea, tal y como queda reflejado en el buscador en su web: euvsdisinfo.eu.

Ante estos datos, ¿se ha posicionado la UE para atajar un problema que no existe según los datos de su propia unidad especializada? Obviamente no. Ante la necesidad de mostrar el calado de la información, el Gobierno español, El País y los medios afines al PP han informado de que el asunto ya está Bruselas, que se ha puesto manos a la obra. Lo primero es cierto: fue el ministro de Exteriores Alfonso Dastis el que sacó el tema en la reunión del Consejo Europeo esta semana. Lo segundo, no: Dastis no pudo arrancar ningún compromiso concreto de sus homólogos y, de hecho, la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini, rechazó referirse a esa presunta injerencia rusa en Catalunya, limitándose a señalar que pidió en el pasado aumentar los fondos de la unidad antipropaganda.

Imagen: Captura Web

En busca de las noticias falsas: ¿blanqueando violencia?

Ni los políticos ni los especialistas de la UE ven los efectos de la actividad de los hackers rusos que amenazan la unidad de España con la inestimable colaboración venezolana. ¿Dónde están esas noticias falsas? ¿Qué difunden? Es imposible saberlo. Ni El País ni el resto de medios de la conspiración rusa ofrecen un solo enlace a estas informaciones. No sabemos si están en ruso, con lo que se dirigirían a su propio público y no tendrían ningún impacto ni en España ni en la UE; en castellano, con el objetivo de influir en la opinión pública española; o en inglés, para lograr el apoyo de la prensa internacional tan ansiado por los soberanistas.

Existe una relación que ni el Gobierno ni los medios conspiranoicos han hecho directamente, pero que sobrevuela gracias a comentarios del propio Dastis. En varias entrevistas con medios extranjeros el responsable de Exteriores ha intentado sembrar la duda sobre la brutalidad policial desatada en Catalunya el 1-O: “Muchas de las imágenes son falsas”, ha repetido. Se trata del único ejemplo en que el Ejecutivo (siguiendo nuevamente a El País) ha señalado hechos que considera falsos.

Toques de realidad: qué sabemos

¿En qué pilares se apoya la teoría para vender la trama ruso-venezolana? El principal es el de las noticias falsas. Es cierto que las fake news amenazan el trabajo de los medios de comunicación por la facilidad que tiene cualquier usuario para falsificar un titular o hacer pasar por realidad hechos que no lo son, consiguiendo que se publiquen en la prensa. El fenómeno se está documentando en tiempo real y su influencia se ha podido sentir en acontecimientos mediáticos de la envergadura de las elecciones estadounidenses.

El otro gran pilar de la teoría es Julian Assange, editor de Wikileaks, que ha sido catalogado de activista protransparencia a agente ruso tan pronto como ha apoyado el derecho a decidir en Catalunya. Su papel en la difusión de información afín a los soberanistas y su alta actividad en redes representan el principal “indicio” de la teoría, explica Yolanda Quintana, investigadora del impacto de Internet en los medios y el activismo.

En todo caso, la influencia real de Assange en la opinión pública española es cuestionable. La autora acepta este punto, exponiendo que “en caso de llegue a demostrarse que estamos ante una operación de injerencia”, el objetivo es “alimentar la confusión y polarización, más que un apoyo ideológico a una causa”.“Hay patrones, indicios… Pero no hay argumentos que sostengan la teoría ahora, así que motivos para desacreditar a El País, todos”, critica Quintana.

También se señala el vínculo con Edward Snowden , el mayor filtrador de la historia, exiliado en Rusia, y que llegó al aeropuerto de Moscú desde Hong Kong (desde donde habría sido extraditado a EEUU y juzgado por traición) gracias a una jugada de Assange, que convenció al cónsul de Ecuador de expedir un visado exprés que le permitiera salir de la ex colonia británica.

Culpar al gobierno de Vladimir Putin de los acontecimientos que han desencadenando sacudidas políticas en EEUU (victoria de Trump), Reino Unido (Brexit), España (independentismo catalán) se ha convertido en el chivo expiatorio de políticos, medios y personajes de poder que en lugar de asumir dolorosas responsabilidades, prefieren crear el guión de un antagonista malvado que desde oscuras mazmorras con internet manipula los destinos de las naciones, incluso a futuro, como en el caso de la posible victoria de Andrés López Obrador en México. ¿Culpa de Rusia?

ELABRELATA / PÚBLICO