Foto: Agencias
  1. Ayer murió de un impacto de bala en el tórax Fabián Urbina, de 17 años, en la Autopista Francisco Fajardo, en medio de una protesta violenta convocada por la oposición. Según el Ministro de Interior, Néstor Reverol, y de Defensa, Vladimir Padrino López, los efectivos que habrían estado implicados en el hecho irregular están bajo investigaciones por uso desproporcionado de la fuerza.
  2. Antes de que inquisitoriamente digan que no me importa la muerte del joven, insisto: sí, es condenable que un efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) accione un arma de fuego para dispersar una manifestación que pueda quitarle la vida a una persona.
  3. Pero lo ocurrido el lunes 19 de junio va mucho más allá de lo que las leyes dictan como una conducta que debe ser y seguramente será sancionada. Los videos que circularon por las redes sobre el hecho son claros: 20 chamos (“nuestros chamos”, dice Juan Requesens) ultraviolentos, dotados con palos, piedras y uno con arma de fuego (según se ve en un video a continuación), embestían contra los GNB. Los casos de Orlando Figuera y Carlos Ramírez, jóvenes que por ser acusados de chavistas fueron quemados y linchados en Altamira, anunciaban la suerte que seguramente correrían si los atrapaban.

  1. ¿Es posible ponerse en los zapatos por un momento del joven uniformado que venía la muerte venir? Porque ese joven uniformado es también una persona humana, por más que los medios insistan en monstrificarlo y despacharlo como un asesino y ya.
  2. Lo cierto es que la letalidad de la situación dejaba ver que nada saldría bien, terminara como terminara. La violencia de los chamos que correteaban a los GNB, incluso si no era accionada el arma, concluiría igualmente produciendo un saldo lamentable.
  3. Entonces habría que preguntarse: ¿Qué discurso y qué intereses fabricaron tal situación? No tiene sentido culpar a Fabián y a los otros chamos en este punto. Freddy Guevara, Julio Borges y otros dirigentes opositores los convencieron (por militancia o billete de por medio) de que sus enemigos son la GNB y todo aquello que huela a chavismo. Que está permitido matar, quemar y linchar a un igual, solo por el color de una vestimenta o una idea política.
  4. Fabián fue otra víctima de este discurso, de la indigestión del odio. Su lamentable muerte se desvanecerá en la corta memoria del timeline de Twitter de estos dirigentes, mientras sirva para mantener la matriz de opinión de que el Gobierno reprime. Como pasó con Neomar Lander o Armando Cañizales, productos de rápida caducidad para la agenda política antichavista.
  5. Un discurso que no solo crea permanentemente enemigos existenciales y asesinos, sino que malbarata la vida de todos, de los guardias, manifestantes, de quien pase por una barricada de camino a su casa. Un estado de peligro y miedo generalizado donde la vida es acechada. Lo que dirigentes llaman “aumentar la presión” tiene que ver con eso tan delicado.
  6. La manipulación de la situación al mismo tiempo que solo atiza en el desenlace fatal, pinta con trazos de fantasía el grueso de lo ocurrido. Ninguno de esos chamos violentos en Altamira estaba haciendo un picnic o recitando poesía, no estaban pintando caritas ni haciendo una actividad cultural. No fue que llegaron unos malvados GNB, instruidos directamente por Maduro (por supuesto), a cazarlos y dispararles por deporte, mientras reían y disfrutaban del momento. Todo lo contrario: chamos convencidos de que la única forma de salir de “la crisis” es la violencia (discurso marca Freddy Guevara) se lanzaron a cumplir con la tarea de joder a la GNB. Pues saben que serán respaldados, respetados y reconocidos por sus dirigentes. ¿Quién es entonces el autor intelectual de lo ocurrido?
  7. Quizás en momentos tan feos como los que vivimos, las obviedades tienen más utilidad que una oración compleja. No, el Gobierno no está interesado ni le ayuda matar a Fabián ni a ningún otro opositor, sea marchista o dirigente. No. No es un plan ni una decisión tomada por Maduro en una reunión con Diosdado y Tareck El Aissami. Lo ocurrido solo ayuda a la oposición, a su agenda nacional e internacional. Así lo han declarado ellos mismos, así lo dicen sus tuits llamando a “marchar por los caídos”. Si no cae nadie, ¿entonces cuál es la razón para marchar?
  8. Esa era la reacción que buscaban por parte de las fuerzas del orden público: una situación límite que generara muertes, no importa ya de cuál “bando” sea mientras esa brecha se imponga como letal y existencial para el conflicto político, como vía para resolverlo. Fabián y Neomar fueron impulsados a morir por una agenda que desde la primera convocatoria los vistió de víctimas, le construyó el féretro y le puso precio a su vida. 80 mil bolívares dicen que pagan por ir a generar caos y violencia en la mal llamada “Resistencia”. Entonces vuélvase a preguntar: ¿quién se beneficia de estas muertes?

ELABRELATA / MISIÓN VERDAD