Foto: El Abrelata

Yo siempre quise poder verlos por un huequito, así, cuando se reunían a puerta cerrada, o peor, cuando se juntaban en grupitos, unos contra otros, clavándose puñaladas por la espalda. Porque ese cuento de la unidad era tan indigerible, tan pegado con saliva, porque uno los conoce y sabe que un sifrino no traga a un adeco ni que el adeco se case con una catira millonaria. “Adeco es adeco hasta que se muera”, o sea, recién vestido, fo… Y uno sabe que un adeco, aunque sueñe ser como ellos, no soporta a los “lechuguinos, petimetres, mariposones”. Yo siempre quise verlos por un huequito, pero ellos se exhibieron por un boquete.

Se desintegró la MUD, se rompió en los pedacitos incompatibles que siempre fue. Pasó como pasan las cosas en la oposición: con torpeza, con soberbia, destilando ese odio que cultivan con esmero, que es su motor arrechísimo, para todo, contra todo, hasta contra ellos mismos. Explotó la MUD sin pudores, se acabó el disimulo, el fraternal abrazo entre un ordinario Ismael García y una sifrinísima Lilian Titori, y Andrés Velásquez se quedó solo y volvió a ser un indio enano, como aquella que besó a María Corina, allá en Amazonas, y que causó tanto asco a la aspirante frustrada a candidata a lo que sea, que no pudo evitar limpiarse el cachete frente a la cámara que la grababa.

Se les rompió el amor que nunca se tuvieron y el despecho se condensó en una guerra de mensajitos, puyas, indirectas tan directas que fueron potentes bofetadas, durísimas bofetadas que revelan un desprecio que ya no puede ser contenido y se desborda en 140 caracteres. Ya nadie guarda las formas, ya no importa. Lo que quedan son trapos sucios al aire, un festival de dimes y diretes, un “y tú, y tú, y tú”, con ataques de sinceridad que desnudan las mentiras que dijeron.

Ahí, a la vista de todos, cada uno de los que oootra vez dirigieron a la oposición a un estrepitoso fracaso, intenta recoger sus votos pateados, regados por el suelo.

Y en medio de ese escandaloso derrumbe político, se anuncian las elecciones municipales que seguramente nos traerán alcaldes con aspiraciones a repetir desdiciendo a sus partidos, que juraron no participar, y tantas contradicciones, y nuevos trapos sucios en esta novela de fracaso que insisten en escribir, a todo gañote, los pedacitos rotos de la MUD.

ELABRELATA / CAROLA CHÁVEZ