Foto: El Abrelata

La primera vez que vi a Jordi Évole, fue en Una Altra Cosa, el programa de Andreu Buenafuente que pasaban en la tele catalana. Évole era El Follonero, un personaje que se hacía pasar como un espontáneo del público que le enredaba todo el programa. Más tarde me lo volví a encontrar en otro papel de enredador, en su programa Salvados.

En Salvados, Évole representa el papel de sí mismo, un periodista irreverente e implacable que, si te fijas, no hace sino dar brinquitos por el borde de las cosas, sin llegar al inconveniente fondo. Évole es un tapón progre, uno de esos personajes que el sistema nos mete como rebeldes e idealistas, pero con un “hasta aquí” que deje las cosas tal como son, pero más ecológicas y gay friendly, eso sí. Esos Sabinas que cantan con desparpajo y se cagan en el rey, hasta que el rey los invita a comer y ahí los ves, haciendo reverencias y otorgándole a Su Majestad un imposible aire de modernidad. Rebeldes que quieren cambiarlo todo, hasta que alguien llega y lo cambia y ¡ah no, eso sí que no!

Jordi, el tapón, vino a Caracas con ganas de armar follón. Venía a desnudar la dictadura de Nicolás Maduro. Venía sobrado porque sabía que Maduro es bruto, lo vio en la tele y los periódicos. Sería pan comido: llegar, ridiculizarlo, exponerlo, para que la progresía viera que así no se hacen las cosas. Y todo con mucho rating, muchos anunciantes y mucha “pasta”.

Pero Salvados no se salvó de chocar con la verdad, y Jordi regresó a España sin poder hablar mal de Maduro. “Los que crean que es un loco o un tonto están equivocados” -dijo en una entrevista, dejando al entrevistador sin saber por dónde seguir.

Aquel anunciadísimo domingo entró Nicolás en la casa de los españoles que se preguntaban asombrados en qué dictadura era posible grabar a la gente quejándose del Gobierno, que el dictador los viera y que no les pasara nada, y qué clase de dictador era Maduro que le permitía a Évole hacerle preguntas que Mariano Rajoy no toleraría y que Jordi no se atrevería a preguntarle, y cómo es que un ataque a una base militar en Venezuela es protesta pacífica y unos catalanes votando son unos delincuentes que merecen una golpiza policial.

Así, por primera vez, llegó a España la voz del chavismo en primera persona. Así quedaron en pelotas quienes nos querían desnudar.

ELABRELATA / CAROLA CHÁVEZ