Foto: El Abrelata

No habían terminado su festival de insultos, donde “tumor” fue el más suave de los improperios, y en plena repartición de culpas, que cayeron casi todas sobre los pendejos que los han soportado todos estos años, que les han consentido todas sus pataletas, siempre violentas, siempre desastrosas, que los han acompañado en esas misiones suicidas donde los muertos nunca son quienes las convocan; los que hicieron corto circuito con tanta incoherencia discursiva de unos líderes que los llevan como en un carrito chocón, y no votaron, coño, porque “no es no”, porque “calle, calle y más calle sin retorno forever”, porque “las dictaduras no caen con votos”, o porque “Ocariz es un guebón”… En medio del estruendoso derrumbe de una Mesa de Unidad pegada con moco, se anuncian las elecciones municipales. #SOSElQueSeCansaPierdeVE

Por un breve instante se detiene la función. Los dirigentes de lo que fue la MUD, se miran unos a otros con la rabia y la desconfianza de siempre, buscando un indicio de “para donde irá a agarrar el carajo ese”. Y saltó Borges, que acaba de hundir a Guanipa y en plan, “si soy tan pesado que no puedo flotar, aquí nos hundimos todos”, anuncia, porque sabe que va a perder hasta las cejas, que Primero Justicia no va participar en estas elecciones. Freddy Guevara, se empina para que lo vea el 3,6% que apoya al partido que Freddy trata de quitarle a Leopoldo, para decir, con su cara de Alvin la Ardilla tan lavada, que Voluntad Popular, pa’lante, pa’tras, tampoco va a participar. Capriles, la nada, en otro vano intento de ser tomado en cuenta, dijo alguna babosada con cara de “me la estoy comiendo”, por Periscope. Y María Corina, torciéndoles los ojos con nauseas, solo pudo tuitear: “se los dije”. Pero quedaba un hilo suelto que había que amarrar.

Henri Ramos Allup, soñando con La Casona, despejando obstáculos, lechuginos y petimetres de su camino presidencial, había declarado en los últimos dos meses, que Acción Democrática participaría en cuanta elección se les atravesara. Lo había reiterado apenas hace una semana, pero hubo un obstáculo que Henry no calculó: el que paga, manda, y aquel “give me money” que relataba el ex embajador Brownfield en su comunicados internos, a Ramos Allup, como un boomerang, se le devolvió: “Usted no va”.

Opaco, cabizbajo, contenido, sin su acostumbrado chisporroteo adecamente rebuscado, Henry en una mesita, con cuatro micrófonos, claudicó -perdón- anunció que AD tampoco va para el baile. Tanto nadar para hundirse en la orilla con los “lechiguinos, petrimetres y mariposones”.

Por ahí, haciéndose los suecos, Rosales y Henri Falcón sacaban sus cuentas.

A todas estas, en aquellas alcaldías sifrinoides, bastiones irreductibles del antichavismo, temblaban los vecinos, temblaban más los alcaldes que querían repetir, porque lanzarse allá en un tiro al piso. Yo traté de imaginarme a Chacao chavista, con la plaza Altamira decorada con los ojitos de Chávez y el Obelisco pintado de rojo y negro, por pura maldad, como aquel  tumbarrancho gigante que puso Farruco en la plaza El Venezolano. Y claro, la razón me decía que eso iba a pasar, que ellos no iban a soltar ese chollo de gobernar alcaldías donde lo único que los votantes exigen de sus alcaldes es un antichavismo “indevolvible”.

Así, lo que supuse sería un goteo de postulaciones y deserciones partidarias, se convirtió en un diluvio de postulaciones: casi cinco mil candidatos para 335 municipios. Como dijo Roberto Malaver: “Ahora hay TANTOS candidatos a alcaldes que los únicos que faltan son Ramos Allup y Julio Borges”.

Fue impresionante ver a Richard Fermín, alcalde ex justiciero de mi municipio, desde su perfil de Twitter todo amarillo y negro, en la noche del lunes pidiéndole a Dios que lo iluminara, y amaneciendo el martes, iluminadísimo, con nuevo perfil, ahora verde, amarillo y azul bandera de Nueva Esparta, con nuevo logotipo, nuevo slogan “Seguimos contigo”, con video publicitario, con una campaña montadita que seguro le envió Dios esa noche, porque esa vaina no la hace ningún mortal de la noche, llena de dudas, a la mañana iluminada. Bien por Fermín, que no se dejó colgar el cinturón de plomo de Julio Borges y optó por el camino democrático que señala esta extraña “dictadura”.

Y qué soledad más sola, qué desnudez más fea: ni su propios “cuadros” le pararon a Borges, Guevara y Ramos Allup, que no lo salvó ni su motor arrechísimo. Qué ceguera tan grande la de sus jefes, los dueños del circo, que queriendo sabotear la democracia venezolana le dieron un nuevo aliento, dejando la puerta abierta para que un montón de partidos opositores más pequeños, siempre amordazados por la MUD, presenten candidatos y ganen, allá donde los que se fueron siempre ganan. Cuánta soberbia, cuánta torpeza… Y cuántos chantajes, ¿verdad, Ramos Allup?

ELABRELATA / CONELMAZODANDO