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Vivimos en un mundo radiactivo y todos estamos constantemente expuestos a distintas fuentes de radiación: incluso en nuestra comida hay sustancias radiactivas.

Las formas radiactivas de los elementos se llaman radioisótopos o radionúcleos, y existen de manera natural en distintas combinaciones y concentraciones en rocas como el granito y en minerales presentes de manera natural en el medio ambiente.

Eso significa que también están inevitablemente presentes en los alimentos que consumimos y el agua que bebemos, desde la leche y los cereales hasta las patatas y el pescado.

Según un informe del Consejo Nacional para la Medición y Protección de la Radiación de Estados Unidos, aproximadamente un 5% de la radiación anual a la que está expuesta una persona en EEUU es “interna”, es decir, procede de lo que ingiere.

Pero estos niveles de radiación natural son inofensivos para la salud.

¿Cuánto hay en lo que comemos?

La radiactividad “natural” se pasa a animales y cosechas a través de las rocas y minerales del suelo. El pescado y el marisco con concha pueden absorber radioactividad del agua y el fondo marino.

Además, toda la materia orgánica, animal y vegetal contiene una pequeña cantidad de radiación procedente del potasio-40, que es la fuente más importante de irradiación interna. Y toda el agua de la Tierra contiene pequeñas cantidades de uranio disuelto y de torio.

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Uno de los alimentos que más radiación tiene son las nueces de Brasil, porque los árboles que las producen tienen raíces muy extensas que absorben el material del suelo, que en Brasil tiene un mayor contenido de uranio.

El banano, también conocido en América Latina como banana, plátano, guineo o cambur, también contiene de manera natural un alto nivel de radiación, comparado con otros alimentos.

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La exposición a la radiactividad natural presente en la comida es en general inofensiva para nuestra salud y, de todos modos, existen muy pocas posibilidades de reducirla en la dieta, según apunta un informe del Consejo de Seguridad Nuclear de España.

Aunque puntualizan que el marisco concentra el material radiactivo de tal forma que “las personas que consumen grandes cantidades de mejillones, ostras, chirlas y caracoles marinos pueden recibir una dosis de radiactividad natural por alimentación hasta un 50% más alto que la media”.

Sin embargo, los materiales radioactivos creados por el hombre y filtrados en el medio ambiente podrían filtrarse en nuestra cadena alimenticia del mismo modo que sucede con la radiactividad natural.

ELABRELATA / HISPANTV