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La crónica anunciada de la llegada de la ultraderecha al poder en Europa comenzó a ser evidente desde el 2016, fue en Austria que empezó todo, cuando un ultraderechista casi se convierte en el principal representante del país, Norbert Hofer, un hombre símbolo asociado con los nazis, este fenómeno ha pasado por Francia, Grecia, Hungría, Polonia, Suiza, Países Bajos, Finlandia, hasta Suecia, ahora le tocó a -la inpensable- Alemania.

Los resultados de las últimas elecciones europeas evidenciaron un peligroso auge de los partidos de extrema derecha, y los ataques xenófobos contra los autobuses y centros de acogida de refugiados en el Este de Alemania son sólo una de las múltiples reacciones que pueden llegar. El discurso nacionalista de partidos como el Frente Nacional Francés, Amanecer Dorado en Grecia o el FPÖ en Suecia ganan terreno en medio de una crisis económica que ha empobrecido a las clases medias europeas y ha dejado en la extrema pobreza a parte importante de la sociedad.

El fascismo ha sabido reinventarse y rearmar un discurso que trata de ocupar espacios tradicionales de la izquierda como la lucha por los derechos o el Estado de bienestar, así están convenciendo a los ciudadanos, algunos cansados de políticas no acertadas por parte de los partidos tradicionales, pero ¿entonces, Europa afronta la nueva cara del fascismo? ¿Se trata de un fenómeno distinto o el mismo lobo con diferente piel? Ese lobo que representa la oscura historia del nazismo en Alemania.

No es una sorpresa que todo este crecimiento de la extrema derecha europea durante la última década haya escalado hasta Alemania, donde desde 1949 -época de la posguerra- ningún partido con ideología neonazi había logrado llegar al parlamento, pero esta vez haciéndose con un alarmante 12,6% de los votos y convirtiéndose en la tercera fuerza política. Es la irrupción de la ultraderecha lo que está en la punta de lanza, con el partido Alternativa para Alemania (AfD), que logró por primera vez escaños en el Bundestag.

En este sentido, el bloque Unión Demócrata Cristiana / Unión Social Cristiana de Baviera (CDU/CSU), liderado por la actual mandataria Angela Merkel, ganó las elecciones de Alemania, con el 33% de los votos, según informó la comisión electoral tras el escrutinio de los votos en las 299 circunscripciones del país europeo, pero perdió un 8,5% con respecto a resultados anteriores. Asimismo, el Partido Socialdemócrata (SPD) de Martin Schulz obtuvo el 20,55%, su mínimo histórico.

Cas Mudde, profesor del Centro de Investigación del Extremismo en la Universidad de Oslo, afirma que “en este momento, los analistas sostienen que la política alemana ha vivido un ‘terremoto’. Esto es cierto, pero el resultado de estas elecciones muestra principalmente un alejamiento de los principales partidos más que una aproximación a AfD. Para que eso ocurra, AfD tendrá que construir un grupo parlamentario coherente y cohesionado con pocas luchas internas y escándalos personales. Tomando como referencia la historia alemana, así como el precedente europeo, esto es muy poco probable”.

Las frustraciones, inseguridades y miedos que están alimentando a la derecha radical y a la nueva izquierda no van a desaparecer, sino que aumentarán. Si la nueva izquierda no triunfa, la extrema derecha configurará el futuro de Europa. Así lo denota Owen Jones en The Guardian.

ELABRELATA / AGENCIAS